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Petrolera mexicana Pemex refinancia su deuda

El gobierno local aportó US$ 3.500 millones. Además se cambiaron los vencimientos de corto plazo, por un bono a 10 años. Firma tendrá un ahorro de US$ 3.200 millones en su deuda.
Por El Economista, editada por Natja Muñoz C I Publicado: Lunes 10 de enero de 2022 I 12:00
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Una importante reesctructuración de sus pasivos, realizó la mexicana Pemex. Según se informó, la operación consistió en un aporte patrimonial de US$ 3.500 millones por parte de Hacienda a la petrolera, con la finalidad de comprar deuda de corto plazo e intercambiarla por un bono a 10 años. Como resultado, se redujeron en US$ 3.200 millones las obligaciones y en US$ 10.500 millones su presión financiera hasta 2030.

“Esta transacción redujo el costo financiero del sector público y la deuda de mercado de Pemex. Así, la deuda de la empresa estatal disminuyó en US$ 3.200 millones”, detalló la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del gobierno mexicano.

“Los recursos del gobierno federal utilizados en esta operación no comprometen la ejecución del gasto público ni involucran recortes presupuestarios. La instrucción del presidente de México es apoyar a la petrolera, que es de todos los mexicanos, y al mismo tiempo mantener saneadas las finanzas públicas y controlar la deuda pública”, concluyó Hacienda.

Al 30 de septiembre de 2021, según su último informe trimestral, la deuda financiera de Pemex alcanzaba los US$ 113.044 millones. Esto significa que la deuda del Estado se habría reducido a poco menos de US$ 110 mil millones.

A través de su operación, Pemex ofreció a los tenedores de bonos denominados en dólares la opción de canjear bonos con vencimiento entre 2024 y 2030 por una combinación de un bono nuevo a 10 años y en efectivo, y ofreció recomprar bonos con vencimiento entre 2044 y 2060.

Con ayuda de este plan, la petrolera estatal replanteó su modelo de negocio, que a partir de este año estará más enfocado a las actividades de procesamiento y comercialización de combustibles en el mercado interno.

Lee el artículo original completo de El Economista.

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