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Petrobras se convierte en fútbol político para las próximas elecciones brasileñas

Los grandes aumentos de los precios de la gasolina, el diésel y el gas para cocinar provocan la ira de Bolsonaro y Lula
Por Michael Pooler, Financial Times / Foto: Petrobras I Publicado: Miercoles 23 de marzo de 2022 I 12:20
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Hace casi 70 años, Brasil fundó una empresa petrolera nacional a raíz de una campaña con el lema: “¡o petróleo é nosso!”, que resuena hasta el día de hoy.

El sentimiento populista detrás de la frase, que significa “el petróleo es nuestro”, resuena en Petróleo Brasileiro, mejor conocida como Petrobras, especialmente cuando las facturas de combustible están en aumento. A medida que el descontento por los niveles de vida reducidos da forma a las próximas elecciones presidenciales de Brasil que se llevarán a cabo en octubre, la compañía de hidrocarburos más grande de América Latina se está convirtiendo una vez más en fútbol político.

El presidente Jair Bolsonaro, cuya popularidad está siendo mermada por la inflación de dos dígitos, arremetió contra un gran aumento de los precios de la gasolina, el diésel y el gas para cocinar por parte de Petrobras este mes, después de un salto en los precios de referencia para el petróleo a raíz de la guerra en Ucrania.

Ha aumentado la especulación sobre el futuro del director ejecutivo del grupo cotizado pero controlado por el Estado, cuyo predecesor fue derrocado por Bolsonaro hace sólo un año en medio de tensiones similares.

Las críticas del derechista representan un raro punto de consenso con su presunto retador, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). Al frente de las encuestas, Lula ha dicho que Petrobras debe considerar “el bienestar de 213 millones de brasileños”.

Para los accionistas externos en el negocio valorado en US$80 mil millones, la controversia es un recordatorio no deseado de las dañinas intervenciones de los políticos en el pasado. La ironía es que la gerencia de la empresa parecía haber restaurado su fortuna después de un período de crisis.

Durante el gobierno del PT en la década anterior, Petrobras estuvo en el centro del escándalo “Lava Jato”, con miles de millones de dólares desviados en un vasto esquema de corrupción. La compañía también estuvo al borde de la bancarrota después de verse obligada a mantener los precios del combustible artificialmente bajos durante la presidencia de Dilma Rousseff. Desde entonces, ha reducido una enorme cantidad de deuda y está vendiendo activos como campos petroleros maduros y refinerías para poder concentrarse en la exploración y producción en sus ricas reservas en aguas profundas.

Sin embargo, si las ganancias y los dividendos récord para 2021 fueron prueba del cambio hacia la rentabilidad, causaron enojo en un momento en que muchos brasileños están luchando. Bolsonaro calificó las ganancias de “absurdas”.

En el centro de las quejas se encuentra una política de seguimiento de los mercados internacionales para las tarifas de combustible nacionales. Tanto Bolsonaro como Lula han criticado la práctica. El contraargumento es que vender con un descuento sostenido no sólo es potencialmente dañino para Petrobras, sino que también corre el riesgo de provocar una escasez de combustible, ya que Brasil depende de los importadores para llenar el vacío de suministro.

Sin embargo, en esencia, el renovado debate se reduce a la cuestión fundamental de qué es Petrobras. “El gobierno brasileño tiene que tomar una decisión”, dice Roberto Castello Branco, cuya destitución como presidente ejecutivo hace un año hizo caer sus acciones. “O nacionaliza Petrobras y la transforma en un departamento del ministerio de minas y energía, que no aconsejo, o privatiza la empresa".

Pocos ven cualquier resultado como realista por ahora. Brasilia posee alrededor del 37 por ciento del capital social de Petrobras, pero posee un poco más de la mitad de los derechos de voto, lo cual efectivamente le da el derecho de nombrar al director ejecutivo. A pesar de todas las promesas de Bolsonaro de no interferir con la gran petrolera, aún podría buscar a alguien más dócil que el director ejecutivo actual, Joaquim Silva e Luna. El general de la reserva del ejército de 72 años ha demostrado no ser fácil de manejar, como lo demuestra el aumento de los precios de la refinería de la gasolina, el diésel y el gas para cocinar este mes.

Marcelo Mesquita, miembro independiente del directorio de Petrobras, dice que la empresa ahora tiene una gobernanza “robusta”. “Ésta es ya la tercera vez que el presidente de la república no ha estado satisfecho y ha querido meterse con la empresa y su política de precios y ésta es la tercera vez que ha visto que eso no es posible”, dice.

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