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Gran plan de Lula para reindustrializar Brasil recibe tibia recepción dentro y fuera del país

La entrega de subsidios y préstamos escogidos a discreción del Estado generan dudas sobre su impacto fiscal y temor a un revés en la dirección de reformas.

Por Marcela Vélez-Plickert, desde Londres / Foto: Reuters I Publicado: Miércoles 31 de enero de 2024 I 09:05
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Unos US$ 1.700 millones en inversiones prometidas por GM, otros US$ 600 millones y un auto eléctrico para la presidencia de parte de BYD forman parte de algunos de los grandes anuncios que marcaron la tercera semana -y el primer año- del Gobierno brasileño.

La reunión entre Luis Inácio Lula da Silva y las automotrices extranjeras fue enmarcada como un esfuerzo más del plan “Nova Industria Brasil” (NIB) lanzado el lunes 22.

La iniciativa busca “reindustrializar” el país en la próxima década y contaría con un financiamiento por unos 300.000 millones de reales brasileños (unos US$ 60.000 millones) que tendrían como eje al Banco Nacional de Desarrollo, BNDES.

En su discurso, Lula y otros funcionarios -incluyendo a Gerardo Alckim, vicepresidente y ministro de Industria y Desarrollo-, dejaron en claro que el plan simplemente seguía la tendencia de apostar por la política industrial liderada por el Estado que impulsan Estados Unidos y la Unión Europea desde el fin de la pandemia.

Pero Brasilia no es Washington ni Bruselas. Tras la presentación del NIB, el iBovespa cayó 0,81%, en una sesión que fue positiva para el resto de los mercados de la región. La bolsa brasileña operó en su menor nivel desde noviembre pasado y el real retrocedió 1,2% respecto al dólar. Los bonos soberanos brasileños cayeron otro 1%.

Para la importancia que Lula ha dado al plan, la recepción a nivel internacional también fue tibia, con unas escasas referencias en la prensa más especializada.

Eso podría explicarse porque ya desde su campaña, el mandatario había advertido que su Gobierno desempolvaría la vieja receta de subsidiar a sectores que se consideran claves o estratégicos.

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Las críticas

El NIB, liderado por Alckim y defendido por el BNDES, se articula en torno a seis “misiones” que abarcan las áreas de: agricultura, industria farmacéutica, infraestructura y transporte, digitalización, bioeconomía y reducción de emisiones, y tecnologías de defensa. En cada una, el Ejecutivo espera que sean insumos y manufacturas nacionales las que dominen, con un objetivo de 95% para la agroindustria.

El documento presentado por el Consejo Nacional de Desarrollo Industrial delinea recursos no reembolsables que se distribuirían en forma de subsidios y préstamos especiales; medidas regulatorias, incluyendo racionalización de tarifas en algunos casos; y, principalmente, programas de compras estatales.

“Recibir créditos subvencionados para producir, sin competencia internacional, bienes industrializados que comprará el Gobierno. ¿Es así como vamos a animar a nuestra comunidad empresarial a innovar?”, cuestionó el economista Joel Pinheiro Fonseca en su columna en Folha, en la que recuerda fracasados intentos similares durante las administraciones anteriores del Partido de los Trabajadores, tanto con Lula como con Dilma Rousseff. Programas anteriores que se vieron empañados además por una generalizada corrupción y el uso de fondos públicos para favores políticos.

Los críticos del plan acusan que desempolva una receta vieja: burócratas reemplazando a las fuerzas del mercado y escogiendo a sectores o empresas “ganadoras".

“He aquí una receta para el desastre”, escriben los economistas Pedro Cavalcanti Ferreira y Renato Fragelli de la Fundación Getulio Vargas en el diario Valor Económico. “Imaginen la burocracia que se requerirá para adquirir productos o servicios nacionales, probablemente más caros. Toda la economía pagará por el beneficio de unos pocos”.

Mirada extranjera

Para analistas extranjeros, el plan se lee como una marcha atrás en las reformas que buscaban liberalizar la economía. “Apunta a una mayor intervención del Estado en la economía y a un menor papel de las fuerzas del mercado”, apunta William Jackson, economista jefe para Mercados Emergentes de Capital Economics.

El analista cree que las reformas estructurales que favorezcan al crecimiento más bien se estacarán este año.

En línea con el análisis de Jackson, pocos días de después de presentar el NIB, la prensa dio a conocer de una campaña de Lula por poner a su exministro de Hacienda, Guido Mantega, en la presidencia de Vale. Una campaña, al parecer, resistida por el directorio de la empresa.

Que Brasil, al igual que el resto de Latinoamérica, necesita urgentemente elevar su productividad para generar empleo, crecimiento y desarrollo es un argumento ampliamente compartido. El cuestionamiento estructural es si el Estado, en este caso el brasileño, logrará este objetivo promoviendo empresas específicas a través de subsidios y contratos.

Décadas de estudio del éxito de Corea del Sur y Taiwán en su desarrollo concluyen que el Estado jugó un rol fundamental en las estrategias de industrialización. Pero hay características específicas de ese Estado, comenzando con su eficiencia y capacidad de dirigir recursos a áreas estructurales, como la educación y capacitación.

Sin ir muy lejos, en las misiones delineadas por el NIB se establecen objetivos de impulsar nuevas tecnologías hasta el punto de hacer al país autosuficiente en las industrias del futuro. Pero según un estudio de Manpower Group, la escasez de talento en Brasil alcanzó un récord de 81% en 2022. Tanto empresas de manufacturas como de servicios acusan que no encuentran trabajadores con las capacidades técnicas y humanas que requieren.

En el documento del plan “Nova Industria Brasil” apenas se menciona una vez la palabra “capacitación”.

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