¿Cómo cayó en crisis la apuesta de Shell por energías limpias en Brasil?
La compañía opera en el mercado brasileño bajo el grupo Raizen, la cual se encuentra en una situación desesperada tras verse afectado por una combinación de malas cosechas, altas tasas de interés e inversiones costosas, además de una deuda de 55.000 millones de reales brasileños (US$ 10.500 millones) y cuentas inundadas de números rojos,
A raíz de la crisis petrolera provocada por la guerra en Medio Oriente hace más de medio siglo, los Gobernantes militares de Brasil recurrieron a un producto básico del viejo mundo en busca de independencia energética. Una política dictatorial de la década de 1970 que promovía la producción de etanol a partir de caña de azúcar dio sus frutos.
Incluso después del descubrimiento de enormes reservas de crudo en alta mar hace 20 años, este sigue siendo un componente vital de la matriz energética del país sudamericano, con aproximadamente tres cuartas partes de los automóviles del país capaces de funcionar tanto con biocombustible como con gasolina.
Esa historia de éxito no sirve de mucho hoy para los inversores de Raízen, la empresa brasileña mayor productora mundial de etanol de caña de azúcar. El grupo de biocombustibles, una empresa conjunta entre Shell y el conglomerado Cosan, con sede en São Paulo, se encuentra en una situación desesperada tras verse afectado por una combinación de malas cosechas, altas tasas de interés e inversiones costosas.
Con una deuda de 55.000 millones de reales brasileños (US$ 10.500 millones) y cuentas inundadas de números rojos, el precio de las acciones de Raízen se ha hundido y la empresa necesita desesperadamente nueva financiación: hasta 20.000 millones de reales brasileños a los ojos de algunos acreedores.
Sin embargo, a pesar de las intensas discusiones de las últimas semanas sobre un paquete de rescate para la empresa, que ha estado vendiendo activos para apuntalar sus finanzas, hasta ahora una inyección de capital ha resultado difícil de alcanzar.
El impasse ha puesto en duda el futuro de una de las principales apuestas de Shell en energías limpias.
Además, supone una distracción indeseable para el grupo británico, que se enfrenta a la peor perturbación del mercado petrolero mundial en décadas como consecuencia del conflicto con Irán. Paralelamente, la situación ha generado inquietud en Brasilia, que busca evitar la quiebra de una de las empresas más grandes del país en un año electoral. Raízen registró el mes pasado una pérdida neta de 15.600 millones de reales brasileños en su tercer trimestre.
La crisis se agravó la semana pasada cuando Cosan decidió no brindar un salvavidas financiero a Raízen después de que Shell se opusiera a la escisión de la empresa. (Ambas poseen el 44% de Raízen cada una tras su salida a bolsa en 2021).
Según la propuesta que se había debatido, Shell debía aportar 3.500 millones de reales brasileños de capital nuevo, con 1.000 millones de reales brasileños de Cosan y otros 500 millones de reales brasileños del fundador y accionista mayoritario del grupo brasileño, Rubens Ometto.
Se solicitaría a los bancos y tenedores de bonos que convirtieran aproximadamente el 35% de su deuda en capital en el marco de la reestructuración.
Cosan y uno de sus principales accionistas, el banco de inversión brasileño BTG Pactual, también esperaban vincular el acuerdo de financiación a una escisión de la división de distribución de combustible de Raízen, que opera cerca de 9.000 estaciones de servicio de marca Shell en Brasil, Paraguay y Argentina.
BTG quería adquirir una participación en la nueva unidad independiente, pero Shell no estaba de acuerdo. Y como Cosan tenía dudas sobre la efectividad de la cuantía de la inyección de efectivo propuesta, el acuerdo fracasó.
En cambio, las conversaciones se centran ahora en una inyección de 4.000 millones de reales brasileños -la promesa de Shell de 3.500 millones de reales brasileños, con 500 millones de reales brasileños de Ometto-, junto con un canje de deuda por capital y una extensión del vencimiento. Esto probablemente implicaría un mayor impacto para los acreedores, entre ellos Itaú Unibanco, el mayor prestamista de América Latina, así como Bank of America, Citigroup, JPMorgan y Mitsubishi UFJ Financial Group.
Sin embargo, podría haber luz al final del túnel. Raízen espera en los próximos días obtener la aprobación de un tercio de los acreedores necesaria para iniciar un proceso de reestructuración extrajudicial, según personas involucradas en las negociaciones. Esto iniciaría un período de suspensión de 90 días para las negociaciones, durante el cual se suspenden los pagos de la deuda.
Un acreedor afirma que existe una enorme distancia entre el dinero disponible de los accionistas de Raízen y lo necesario para sanear su balance. Sin embargo, también reconoció que es preferible recurrir a un proceso extrajudicial a una reorganización judicial -el equivalente brasileño a la protección por bancarrota del Capítulo 11 de EEUU-, que suele ser más larga, más compleja y reduce el poder de negociación de los acreedores.
“Una reorganización judicial es muy perjudicial porque no solo afecta el aspecto financiero, sino que afecta a todo: a los empleados y a los proveedores”, afirmó Marcelo Gasparino, miembro experimentado de la junta directiva de grandes empresas brasileñas como Vale. La mediación es otra opción, añade.
Resolver el estancamiento es importante para Shell, que enfrenta una situación política potencialmente delicada como el mayor productor extranjero de petróleo y gas en Brasil. El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva convocó el mes pasado al gigante energético británico y a otras partes interesadas de Raízen para discutir cómo rescatar el negocio, según fuentes familiarizadas con la situación.
“Dijo que era inaceptable que el mayor productor de etanol del mundo, respaldado por una de las mayores petroleras y un importante grupo nacional [Cosan], entrara en protección por quiebra”, dijo una persona presente en la reunión.
Los pesimistas señalaron que, además de sus problemas de deuda, Raízen está compitiendo con la creciente producción brasileña de etanol basado en maíz, que ahora suele ser más barato de producir que la versión de caña de azúcar.
Pero si se logra una solución, la empresa podría beneficiarse indirectamente de la actual inestabilidad geopolítica. Los altos precios del petróleo, como los que dieron origen a la moderna industria del etanol en el país, tienden a hacer que el biocombustible sea más competitivo frente a la gasolina
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