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Líder de Colombia prometió "paz total". Entonces estalló la violencia

Critican la estrategia del exguerrillero Gustavo Petro mientras el vacío de seguridad desata secuestros y extorsiones.

Por Financial Times, editado por María Gabriela Arteaga / Foto: Reuters I Publicado: Viernes 24 de noviembre de 2023 I 08:50
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El exguerrillero Gustavo Petro, actual presidente izquierdista de Colombia, prometió la "paz total" en su toma de posesión el año pasado. Hasta ahora, el resultado ha sido un aumento de la violencia por parte de los grupos armados que ejercen un enorme poder en la nación sudamericana.

El rápido deterioro de la situación de seguridad ha suscitado el temor de que Colombia esté volviendo a la violencia de décadas pasadas, una preocupación que atrajo la atención mundial con el secuestro del padre de Luis Díaz, la estrella de fútbol del Liverpool, el mes pasado.

En toda Colombia, los secuestros han aumentado más de un 80% bajo el mandato de Petro, la extorsión ha aumentado un 27% y la tasa de homicidios apenas ha disminuido, según cifras oficiales que comparan el primer año del nuevo Gobierno con los últimos 12 meses de la administración centroderechista de Iván Duque. En lugar de enfrentarse a las fuerzas de seguridad, los grupos armados ilegales ahora luchan entre sí para ampliar su territorio y controlar las lucrativas rutas del contrabando.

El padre de Díaz fue tomado como rehén por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el mayor grupo rebelde en negociaciones con el Gobierno, lo cual ha puesto en entredicho la credibilidad del proceso de paz. Luis Manuel Díaz fue liberado ileso el 9 de noviembre, pero otros 25 rehenes siguen cautivos del ELN, según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).

"La sugerencia inicial de 'paz total' aceleró la violencia", dijo Elizabeth Dickinson, la analista principal para Colombia del Grupo Internacional de Crisis (ICG, por sus siglas en inglés). "Los grupos armados y criminales intensificaron las operaciones para consolidar el territorio y mejorar su posición negociadora antes de que Petro asumiera el cargo. Los ceses al fuego que él declaró en el primer semestre de este año equivalieron a un regalo táctico para estos grupos. Sin un ejército que los presionara, tenían libertad para rearmarse, reclutar y reabastecerse". Colombia parece estar pagando ahora un alto precio por el vacío de seguridad en sus zonas de conflicto.

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Conversaciones que quedan en nada

Petro, un miembro del desaparecido grupo guerrillero M-19 que se desmovilizó en 1990, sigue comprometido con el plan de paz, argumentando que cambiar de rumbo "allanaría el camino para un nuevo ciclo de violencia".

El Gobierno está en conversaciones de paz con el ELN y con el Estado Mayor Central, un grupo disidente vinculado a las disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Asimismo, el Gobierno ha expresado su interés en negociar acuerdos de rendición con pandillas criminales no políticas, como los narcotraficantes.

El descenso de Colombia hacia la violencia comenzó tras el asesinato en 1948 de un líder izquierdista, Jorge Eliécer Gaitán, y se intensificó después de que grupos guerrilleros marxistas comenzaron a operar a principios de la década de 1960, inspirados por la revolución cubana. 

En 2016 se produjo un punto de inflexión, cuando el Gobierno alcanzó un acuerdo de paz con las FARC, el mayor grupo guerrillero en ese momento. Los rebeldes marxistas aceptaron deponer las armas a cambio de concesiones políticas, justicia para las víctimas del conflicto y una mayor presencia del Estado en zonas remotas. Pero su implementación ha sido irregular.

Según un estudio publicado en junio por el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz, de los 578 compromisos asumidos en el acuerdo de 2016, aproximadamente la mitad se habían implementado a un nivel mínimo hasta noviembre de 2022 o no se habían implementado en lo absoluto.

Juan Manuel Santos, ganador del Premio Nobel de la Paz por alcanzar el acuerdo de paz con las FARC mientras era presidente, dijo que Petro necesitaba implementar adecuadamente los acuerdos existentes para crear una base sólida para las conversaciones con otros grupos rebeldes.

"La 'paz total' fracasará a menos que se construya sobre la base de lo que se ha logrado con las FARC", le dijo Santos al Financial Times (FT). "Si fallan los cimientos, fallará todo lo demás".

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¿Se puede seguir dialogando?

Oliver Wack, el gerente general de Control Risks para la región andina, dijo que Petro no había equilibrado las conversaciones de paz con tácticas para garantizar la seguridad. La "erosión de las capacidades operativas y de inteligencia de las fuerzas de seguridad se ha traducido en un fortalecimiento del control de las zonas rurales por parte de los grupos armados y en una expansión del narcotráfico, de la minería ilegal y de la extorsión y el secuestro".

Iván Cepeda, un senador de la coalición de Gobierno que ha estado negociando con el ELN, defendió la estrategia de "paz total", culpando del deterioro de la seguridad a las tendencias criminales que han creado tentadoras oportunidades para los grupos armados en Colombia. "Han surgido nuevos mercados de cocaína, han repuntado los mercados de marihuana y también está el mercado de las drogas sintéticas". Cepeda afirmó que las pandillas también se habían beneficiado del "fantástico negocio" del tráfico de inmigrantes desde Sudamérica y el Caribe, a través de Colombia, hacia EEUU.

El proceso de paz se ha visto aún más empañado por las acusaciones de que el hijo de Petro, Nicolás, recibió contribuciones financieras de campaña de presuntos narcotraficantes a cambio de promesas de incluirlos en las conversaciones de paz.

Mientras tanto, las encuestas de opinión muestran que los colombianos están perdiendo la fe en el plan de "paz total". Según una encuesta de Datexco publicada el 12 de noviembre, sólo el 37 por ciento de los encuestados está a favor de que continúen las conversaciones de paz con el ELN, mientras que el 53 por ciento está en contra.

El miércoles por la noche, Petro anunció que su comisionado de paz, Daniel Rueda, dejaría el cargo para ser sustituido por Otty Patiño, el principal negociador del Gobierno con el ELN.

Cepeda reconoció que el uso continuado del secuestro por parte del ELN estaba costando el apoyo al proceso de paz.

El senador dijo que el Gobierno no abandonaría las conversaciones, pero que, si el ELN no cumplía su parte, la gente saldría a decir 'no más proceso de paz'".

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