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Colombia trastabilla en el camino hacia la “paz total”

Gustavo Petro, el exguerrillero convertido en presidente, experimenta dificultades en lograr un acuerdo integral con los grupos armados. Este jueves empieza la tercera ronda de negociación con el ELN.
Por Financial Times, traducido por María Gabriela Arteaga / Foto: Reuters I Publicado: Martes 25 de abril de 2023 I 08:00
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Por Joe Daniels

Derny Cuesta, un buscador de oro de Zaragoza, en el norte de Colombia, se refugió dentro con miles de personas más cuando el temido grupo de narcotraficantes llamado el Clan del Golfo atravesó la ciudad el mes pasado promoviendo un paro minero como demostración de fuerza contra el gobierno.

"Nos obligaron a cerrar todo", dijo Cuesta, recordando cómo los delincuentes tomaron control de las protestas, obligando a cerrar los comercios e incendiando los vehículos que circulaban durante el toque de queda. "¿Quién nos obligó? La gente con armas, y están por todas partes", el comentó.

Gustavo Petro, el primer presidente izquierdista de Colombia, asumió el cargo hace ocho meses prometiendo alcanzar la "paz total" tras seis décadas de conflicto armado. Pero Zaragoza y la región circundante del Bajo Cauca siguen sumidas en el conflicto, una indicación de los problemas más amplios que enfrenta Petro para pacificar grandes grupos de un país que sigue dominado por las guerrillas armadas y por los narcotraficantes.

Petro, en sí un exguerrillero, está decidido a poner fin a un conflicto civil que ha causado la muerte de más de 450.000 personas y ha desplazado a más de 7 millones. Él se ha comprometido a negociar acuerdos de paz y de rendición con los grupos armados y las bandas criminales. El gobierno estima que hay cinco grupos armados y unas 20 bandas en el país.

Pero el gran número de grupos armados y bandas rivales, todos ellos con diferentes objetivos e intenciones, hace que Petro haya tenido dificultades para lograr un avance significativo en las conversaciones de paz.

"Las concesiones ofrecidas a un grupo para acatar las negociaciones pueden llevar a otros grupos a aumentar sus exigencias", comentó Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis. "El plan del gobierno carece de estructura, profundidad, incentivos y comunicaciones". Los grupos están buscando reformas políticas y sentencias leves a cambio de deponer las armas.

Las señales de tránsito y las casas del Bajo Cauca están pintadas con aerosol con las iniciales del Clan del Golfo, un recordatorio para los civiles y para las fuerzas de seguridad del territorio en que se encuentran. Cuando los grupos armados les dan órdenes a los civiles, “no te queda más que obedecer y hacer lo que te dicen o te mueres”, dijo Cuesta.

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Conflicto en cifras

Las agencias de inteligencia calculan que más de 15.000 personas pertenecen a grupos armados y a bandas criminales en Colombia, ya sea como combatientes o como miembros de apoyo. Algunos están implicados en actividades ilícitas como la producción y distribución de drogas, la minería ilegal y la extorsión.

El Clan del Golfo, también conocido como Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), es el mayor grupo armado, con unos 6.000 miembros, según Danilo Rueda, el alto comisionado para la paz de Colombia. El grupo marxista-leninista Ejército de Liberación Nacional (ELN), el cual también opera en Venezuela y ha recibido refugio en este país, es el segundo en importancia, con 5.800 miembros.

A finales del mes pasado, el ELN atacó un cuartel cerca de la frontera con Venezuela, matando a 10 soldados. Petro anunció un alto al fuego con el ELN a finales de diciembre, pero el grupo respondió que no había acordado respetarlo. Está previsto celebrar una tercera ronda de conversaciones de paz formales en La Habana.

Iván Cepeda, un senador de la coalición centroizquierdista de Petro y parte del equipo negociador del gobierno con el ELN, dijo que la violencia durante las conversaciones reforzaba la necesidad de sellar un acuerdo. "Es doloroso y traumático para Colombia, pero debemos seguir adelante", le declaró al Financial Times (FT), añadiendo que las anteriores negociaciones con grupos armados tuvieron lugar en medio de operaciones de combate.

Pero los analistas afirman que negociar con grupos armados dispares —algunos, como el ELN, con ambiciones políticas, otros con operaciones puramente criminales— hace que la política de “paz total” sea un reto.

Los grupos armados ya antes han renunciado a la violencia en Colombia. La guerrilla socialista revolucionaria M-19, a la que pertenecía Petro, depuso las armas en 1990 e hizo la transición a la política legal. En 2006, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una federación paramilitar de derecha, empezaron a deponer las armas. Algunos combatientes formaron grupos escindidos, entre ellos el Clan del Golfo.

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Larga data

En 2016 se alcanzó un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo rebelde marxista que sembró el terror en todo el país y que contaba con 13.000 miembros cuando se desmovilizó. Ese acuerdo le valió al entonces presidente Juan Manuel Santos el Premio Nobel de la Paz, pero su implementación se había estancado. Las atrocidades cometidas durante el conflicto siguen siendo investigadas por un tribunal especial, pero las principales promesas del acuerdo de desarrollar la infraestructura rural y la agricultura en toda Colombia en gran medida siguen sin cumplirse.

Aunque la violencia brevemente se redujo tras el acuerdo de 2016, las facciones disidentes de las FARC lo ignoraron y siguieron librando guerras, mientras las bandas de narcotraficantes se disputaban el territorio abierto por su desmovilización. El predecesor de Petro, el derechista Iván Duque, fue acusado de socavar deliberadamente la puesta en marcha del acuerdo, acusación que él negó.

Elizabeth Dickinson, analista principal para Colombia de Crisis Group, dijo que el plan de Petro se definiría por su éxito en la reducción de la violencia. "La sensación sobre el terreno es que el conflicto se está deteriorando y que los grupos armados están aprovechando para consolidar su influencia y ejercer un mayor control sobre la población civil".

"Aquí estamos expuestos a los grupos armados", dijo Teo Panclasta, un excombatiente de las FARC con ambiciones políticas de una aldea improvisada del Bajo Cauca que comenzó como campamento de desmovilización. "Existe esta sensación latente de que el combate puede estallar en cualquier momento", agregó.

El ELN, el Clan del Golfo y los disidentes de las FARC operan en las inmediaciones, y el ejército colombiano tiene una base cerca del campamento. Desde que se firmó el acuerdo de paz, 363 excombatientes de las FARC han sido asesinados en Colombia, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Numerosos residentes están desesperados por que el plan de paz de Petro tenga éxito. Pero para que eso suceda, dicen ellos, hay que ofrecerle a la población alternativas a las fuentes de ingresos ilícitas de las que se benefician los grupos armados.

Los agricultores dependían antes de la coca, precursora de la cocaína, pero ahora encuentran más rentable el oro. En el Bajo Cauca, los mineros informales como Cuesta les venden oro a las casas de empeño a US$ 51 el gramo, US$ 12 por debajo del precio del mercado internacional. La mayoría de los negocios, legítimos o no, están gravados por los grupos armados.

Cuesta recalcó: "Los más pobres necesitan opciones para ganarse la vida y vivir libres del miedo a que te maten o te obliguen a huir".

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